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El origen de un gerente: Cómo se forja un líder

El olor a tierra húmeda y el ruido incesante de los camiones de carga eran la banda sonora de mi juventud. Trabajé en la mina de granzón de mi padre, un paisaje de cerros polvorientos en una montaña que parecía tocar el cielo. Desde la cima, observaba el vasto paisaje y, si bien el entorno parecía rústico, no sabía que ese lugar me daría mi primera gran lección como gerente, una que marcaría el rumbo de mi vida y mi carrera.

En la obra, aprendí el oficio desde el cubicaje de camiones hasta la negociación con los transportistas. Mi pasión por las matemáticas me hacía encontrar lógica en el caos. Sin embargo, no tardé en notar que algo no cuadraba: la rentabilidad no coincidía con el volumen de material que estaba saliendo.

El origen de un gerente: De la mina a la alta gerencia
El origen de un gerente: De la mina a la alta gerencia

1. Detección de brechas y prevención de pérdidas

Era un misterio que de no resolverse, afectaría a todo el negocio. La intuición de mi padre, mi mentor, me decía que las pérdidas no eran por un error en el cálculo, sino por un problema en la cadena. Investigando, descubrí que algunos de los transportistas, en lugar de llevar la carga a su destino acordado se desviaban para venderla por su cuenta.

Era un golpe doble: una pérdida económica para nosotros y un acto de deshonestidad con la empresa que teníamos el contrato de venta del granzón para el asfaltado de avenidas. En ese momento, entendí que un buen gerente no solo resuelve problemas, sino que anticipa y cierra las brechas por donde se puede colar el fraude.

Optimización de procesos: Control de salida

Mi solución fue sencilla pero poderosa. En lugar de confrontar a los choferes, lo cual
podría haber generado un conflicto mayor, implementé un control de salida. Lo que hoy
sería una hoja de cálculo, en ese entonces era una simple hoja de papel:

  • Trazabilidad de la carga: Cada conductor, antes de salir, debía firmar un documento de compromiso.
  • Control de tiempos y entregas: Se validaban cantidades requeridas, destinos exactos y tiempos de traslado acordados.

Con esa simple acción, eliminé ese «cuello de botella» de fraude y la rentabilidad
se recuperó de inmediato. Esa victoria temprana me enseñó que la perseverancia no es solo aguantar las tormentas, es negarse a que una situación negativa afecte tu gestión. Fue mi primera experiencia formal de cómo la disciplina y la acción resuelven problemas, sin lamentos ni excusas.

2. La mentalidad gerencial: Aprendizajes que trascienden

Los frutos económicos que coseché de ese logro fueron invaluables, ya que me
permitieron dar estabilidad a mi relación con mi novia, hoy mi esposa, cimentando una base sólida de confianza y progreso. Aprendí que la gerencia no es un título, es una mentalidad que se aplica en la vida real. Pero mi formación no se limitó a la mina. Mi padre y mi madre me dieron una educación formal que se convertiría en mi mayor ventaja.

Análisis crítico y visión de entorno

Mi padre, con su sabiduría ancestral, me sentaba a leer la prensa. No las páginas de deportes, que eran mi gran pasión, sino las de política, economía y asuntos internacionales. Él me enseñaba a analizar cada noticia, a entender las causas y las consecuencias.

Fue así como a mis 12 años, me sabía toda la historia de la Guerra del Golfo Pérsico. Ese hábito de análisis y detalle se convirtió en un pilar fundamental de mi forma de pensar. Al tiempo, mi madre me introdujo en el mundo de la metafísica. Esta práctica me dio una conexión con lo que soy en un nivel más profundo.

Descubrí que la realidad que vivimos no es la única, que hay un mundo interno que nutre y guía. Me volví un ser más místico, perseverante y disciplinado, entendiendo que el mundo espiritual y el terrenal están conectados. Esas lecciones me sirvieron para aplicar, más adelante, técnicas de alquimia, que es la transformación de lo imperfecto en perfecto, y gimnasia cerebral para dominar la autorregulación de mis emociones en momentos complejos.

El análisis continuo y atención al detalle se convirtió en un pilar fundamental.

Autogestión emocional y disciplina interna

Así, mi vida fue esculpida por dos fuerzas aparentemente opuestas que se unieron para forjar mi camino: la práctica de la gerencia profesional, con sus retos tangibles, y la conexión espiritual que me enseñó a mirar más allá de lo evidente. Juntas, estas dos fuerzas me prepararon para todo lo que vendría después.

La historia de minas y metafísica fue marcada por un caos familiar por la pérdida de empresas y declives económicos que pasaron de una vida abundante a la nada, al hogar de campo donde solo íbamos en ocasiones. Eso marcó un antes y un después en la construcción de una fortaleza moral que me llevó a entender que siempre hay que mirar al futuro con planes de acción ante cualquier circunstancia, sea buena o mala. Lo que llamamos Plan A, B y C siendo esto el espacio mental para afrontar los peores escenarios.

   [ PLAN A ] ➔ Operación estándar y objetivos planificados

   [ PLAN B ] ➔ Contingencia operativa ante desviaciones

   [ PLAN C ] ➔ Respuesta estratégica ante el peor escenario posible

Porque es bonito cuando todo funciona como lo planeamos, pero que complejo se vuelve dar respuesta cuando los instantes no están a favor. Es como un plan de fin de semana que cuando vas en vía, con música y cantando, se daña un caucho y al revisar, no tienes repuesto. Es allí donde ser previsivo toma relevancia. En el mundo empresarial y en la cadena de suministro, ser previsor no es una opción: es el único camino para garantizar la continuidad del negocio.

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El origen de un gerente: Liderazgo y control de procesos
Roy Briceño

Roy Briceño

Asesor Corporativo de Seguridad
CEO y Co-fundador | @sertocon24

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